Sunday, October 27, 2019

Curso de Pit Firing octubre de 2019 en Nefer Ceramistas



Pit Firing con nuestras alumnas y alumnos, ayer sábado 26 de octubre de 2019; cada vez se va notando más el nivel de las alumnas que más tiempo llevan con nosotros y la variedad de técnicas y materiales que Marina, la profesora, ha ido ensayando y añadiendo con el paso de los años. Lo pasamos muy bien; una experiencia como siempre muy bonita, que nos sirvió como excusa para reunirnos en torno a una mesa, llena de ricos alimentos y de risas, como siempre; a los que no pudisteis venir ese día, os echamos de menos.










Thursday, October 03, 2019

Maldito dolor de cabeza:


A veces sin razón aparente, siento como si mi cabeza, estuviera amordazada por un entrelazado y fuerte pañuelo de algodón, empapado de agua tibia al que previamente han escurrido y de vez en cuando se va formando por capilaridad una espesa y pesada gota, que se va deslizando suave, pero inexorablemente por mi ceja izquierda, empapándome el párpado del ojo e inflamando el globo ocular; mención aparte, es cuando el pañuelo comienza a secarse y encoge, tensionando cada vez más mi hueso temporal izquierdo y derecho de la zona craneal.

Esos días, si tengo suerte de no sentir alguna intermitente punzada en mi hemisferio izquierdo, veo las cosas de colores algo distorsionados. Por mi ojo izquierdo, veo tonalidades grises; por el derecho, distingo todo el espectro luminoso de color, pero al unirse la visión binocular de ambos ojos, para provocar ese ficticio efecto tridimensional, emulando al de un dibujo en perspectiva, coloreado sobre una cartulina bidimensional, de color gris. El espectro cromático esta vez, no deja de ser algo así como un día gris, pesado y pasado de humedad.

Lo días así, debería pasar el día en blanco, pero no hay Netflix, Música ni ibuprofeno, que los resista.

A veces es mejor no ser tan apasionado en las cosas que uno hace, deberíamos seguir la senda del camino medio, que yo tanto predico, pero es que hay personas cuyo camino medio, va por naturaleza, algo pasado de revoluciones.

Solo puedo hacer algo, si esto me apasiona y veo que es algo positivo, especialmente para los demás y solo puedo seguir a alguien, si veo que es una persona sabia, coherente y honesta.

Si es por mí, no me molesto, pasaría el día en la montaña, tumbado en el suelo mirando al cielo. Vivo como quiero, hago lo que me gusta y soy esencialmente feliz, salvo en mis momentos de “Pañuelo Tibio”; quizás, por eso, muchas mañanas me levanto cantando con mi perrita podenco Samanta (Chiqui para los amigos) “El Rey”, de Vicente Fernández; no es mi tipo de música, pero me gusta el estribillo.

Bueno, volviendo a lo del ojo y demás; cuando estoy así, estoy todo el día sentándome y levantándome de la mesa del PC, intentando publicar o hacer algo, parece que lo único que consigue aliviarme un poco si tengo suerte y están aquí mis alumnos/as, es trabajar con ellos y cada cierto tiempo soltar alguna “parida” (las paridas, me alivian el dolor de cabeza), nos reímos un rato y se me pasa; si no es así, intento subirme a la jungla que hay detrás de mi casa, con mi disfraz de tigre siberiano para no rozar a nadie.

Hoy ha sido uno de esos días, pero ya solo parece que me han dado un sartenazo en el hueso temporal izquierdo de la cabeza.

Me van llegando buenas noticias, las cosas nunca van al ritmo que tu marcas, sino al que te impone la realidad, pero van llegando y todo va saliendo; eso hace que el torrente sanguíneo, se traslade de una parte a otra de tu cuerpo, así que el ojo, por mí, que reviente en otra ocasión.

Hay personas, con las que comienzas teniendo problemas y terminas conociéndolas mejor y aceptando como son; con el tiempo, le dan una nota de color a tu vida, te haces a ellas y adaptas el mecanismo de tu viejo reloj, activando el horario de varios países, con el nombre de cada persona, para saber los tiempos de cada una. Hay otras personas que a medida que las vas conociendo, vas comprendiendo que su reloj mental, se acelera, atrasa o para de forma casuística e inesperada, hay algo que no marcha en él y siempre están pendientes de adquirir un reloj nuevo de más caché o mirando el tuyo. Hay otras personas, que se han ido ganando lenta y pausadamente tu desconfianza, hasta que un buen día descubres, que realmente, son prácticamente unas crías/os y no lo digo en el sentido peyorativo de la palabra, sino en que realmente, por su edad, no han podido aun adquirir experiencia suficiente o tienen demasiada para su edad las has tratado, esperando algo de ellas, que realmente no te podían dar y les das otra oportunidad. Finalmente, en lo que a mí respecta (no voy a hablar de todos/as mis conocidos/as), hay personas, que acaban convirtiéndose en un punto fuerte en el que apoyarte cuando estás débil y están ahí durante años, trabajando contigo codo con codo.

Nunca me ha gustado relacionarme demasiado con las personas, tan solo las puedo tratar desde una especie de púlpito o escenario teatral; veo una masa de gente: algunas caras amables, otras extrañas, dudas, incomprensión, interés, desinterés, alucinación, aburrimiento, etc.

Mi mente las procesa todas un poco a destiempo; mi cabeza está en esos momentos, pensando en cosas diversas; puedo estar en cualquier otra parte y de vez en cuando, me escucho, como si yo formara parte del público, viéndome en el escenario y pienso, “Parece que mis labios están soltando algo coherente y convincente, pero creo que se mueven a demasiada velocidad”. Parece que un pequeño hombrecillo, hubiera puesto un gramófono en alguna parte de mi cerebro y yo quedará liberado del discurso. Cuando termina el gramófono de funcionar, siempre hay alguna persona que ha grabado parte o un todo de mis palabras, me observo y me escucho como si fuera la primera vez y pienso ¿quién estaba allí, hablando por mí?.

Bueno, por si no os ha quedado claro, estoy tratando de soltar el dolor de cabeza; en esta ocasión escribiendo, parece que el “Maldito pañuelo trenzado y empapado en agua tibia que me aprieta la cabeza, se resiste a abandonarme”, aunque a ratos, parece que lo voy a conseguir del todo, intentaré con las “Paridas” mirándome esta vez a un espejo, a ver si me río de mí mismo; y si tiene que reventarme el ojo, que lo haga en otra ocasión.

 En fin, tengo que hacer algo más esta tarde; una programación, mandar algunos informes y mensajes.

Os dejo, me voy con mi dolor de “tarro a otra parte”.

Tuesday, October 01, 2019

X Bienal de Cerámica de El Vendrell



Kenneth Martínez Molina, alcalde de El Vendrell,

se complace en invitaros a la inauguración de la exposición de los seleccionados/das de la

X Bienal de Cerámica de El Vendrell.

El acto tendrá lugar el próximo 4 de octubre de 2019, a las 20 h, en la Sala Portal del Pardo (c / Major, 20).

A continuación, se harán públicos los nombres de los tres ganadores.

La exposición permanecerá abierta hasta el 3 de noviembre de 2019.

Horario: De martes a sábado de 17 h a 20 h, sábados, domingos y festivos de 11 h a 14 h

Los lunes permanecerá cerrada.

El Ego, el trueque, el salario y el dinero:


Me considero una persona, que ha pasado muchas horas de su vida, metafóricamente hablando, contemplando y observando su propio ombligo; no es que lo observara implícitamente, tan solo, es que tras un rato sentado sin hacer nada, mi cuerpo seguía estando en el mismo lugar, pero yo no.

¡Qué películas mentales montaba, cuando era pequeño y siendo adolescente!; ahora, las sigo montando, pero intento llevarlas al terreno de lo real.
Mi padre, me preguntó un día, si yo también era aficionado, (metafóricamente hablando), al cine: producción y dirección de filmes mentales, personajes de un mundo real o ficticio, grandes viajes sentado desde un sillón colocado en cualquier lugar y en cualquier posición; le contesté que sí y esbozó una sonrisa.

Mi padre, empezó a practicar yoga, cuando yo era muy pequeño, creo que fue alumno, del primer maestro que se atrevió, tras la muerte del susodicho y el comienzo de la transición, a venir a Málaga e impartir unos cursos; (no sé su nombre, ni lo recordaría; también he investigado un poco y no encontré su nombre). Tras dos años, el maestro, les pidió a sus alumnos (no sé si habría mujeres en esa época en estas cosas, era un país muy machista (más aun)), que firmaran un documento, comprometiéndose a no enseñar a nadie, ya que en aquella época, se consideraba que uno no estaba preparado para la enseñanza del yoga si no había dedicado, prácticamente toda una vida a ello.

A mi padre, sus compañeros de trabajo, vecinos y hasta mi madre y algunos familiares, lo apodaron en aquella época de forma sarcástica “Sandocán” y no es porque se pareciera a él, sino, porque asociaban la práctica del yoga de manera humorística a este personaje de una conocida serie de la época; mi padre pasó toda su vida, practicando yoga y jamás enseñó a nadie; tan solo se limitó a dar algunos consejos; principalmente a mí, (el que generalmente va por libre).

Mi padre, llegó un día a casa por la noche y me invitó por primera vez a realizar una meditación con él; no recuerdo si tenía yo 6 o 7 años; puede que menos o quizás, alguno más; mi madre al principio, estaba asustada (no le gustan las cosas que desconoce), yo tenía la sensación de que iba a ser iniciado en algo mágico o de por el estilo; entre en una habitación a oscuras y me senté junto a mí padre en la postura del “loto”, me dio unas directrices y en aquel momento, inicie un camino, en el que ya no habría marcha atrás ni líneas rectas, lleno de obstáculos y paradas; de momentos, años de mayor intensidad, experiencias y necesidad de paz, aburrimiento, sosiego, abandono, regreso; lo normal en estas lides.

Mi padre y mi madre, fueron ambos muy listos, durante mi adolescencia (creo casi con total seguridad que la decisión la tomó mi madre); recuerdo que un día llegué a casa pidiendo que me dejaran practicar Artes Marciales, como el que pide la luna, por decir algo que sabía que jamás me permitirían hacer; con atrevimiento y sabiendo de antemano todas las razones que me iban a dar para que no lo hiciera, lo pregunté (tenía 13 años) y me dijeron que sí, sin esperas ni preguntas, como si me dieran un vaso de agua y aun no he conseguido llenar del todo la laguna mental que me dejaron aquella noche, con la respuesta.

Pasé desde los 13 años, hasta los 19, practicando Artes Marciales diversas; iba todos los días y a veces, salía de un Dojo y tenía el tiempo justo para ir a otro. Un buen día, siendo educador, bastantes años después, comprendí el motivo por el cual, me dieron permiso mis padres, para tal práctica; me habían apartado de la calle y sus peligros; mientras estaba practicando en el Dojo, no estaba haciendo el gamberrete con ninguna pandilla; mis vecinos/as, se metían en problemas, yo hacía deporte. Este hecho, de haber practicado Artes Marciales, me hizo decantarme más, (por familiaridad), hacia el ZEN que hacia el Yoga, por lo que mi padre y yo, estávamos tocando la misma melodía, pero con diferentes instrumentos.

No sé si la meditación cambio o no mi vida; lo que sí puedo decir es que mi vida cambió casualmente durante los años en que la practiqué con mayor intensidad.

Uno de los días de aquella época, ya estamos hablando de mis 26 años, vi un documental, que aun hoy en día, tengo grabado en una cinta VHS; se titulaba “El Mundo del Zen I y II”;  y tocaba variados aspectos de este, entre otros el del arte y el Zen y un maestro budista, cuando le preguntaron en relación a los artistas y al zen o cualquier otra práctica de la meditación, vino a decir, algo así, como que eran poco compatibles, una antítesis, dos palabras antónimas, ya que uno te invita al desapego y el artista, vive demasiado apegado a su creación; va buscando satisfacer su propio “Ego”. Yo me desilusioné y me enfadé un poco, lo primero que pensé es “Ahí la has piciado maestro; eso no puede ser verdad, no me viene bien ahora; no entiendo el por qué”. Muchos artistas, son bastante dados a la espiritualidad y a la introspección, pero los años, dieron la razón a aquel maestro; lo he visto muchas veces; la mayoría de los artistas que conozco, tienen un gran “Ego” personal, que incluso sale por las ventanas y es observable desde el espacio exterior, junto a la gran “Muralla China” (aunque algunos dicen que esto último no es cierto), aunque quizás este “Ego”, en algunos casos y con la edad, va disminuyendo.

Trato de entender e interpretar de diferentes maneras el significado del “Ego”, que según el diccionario es “La valoración excesiva de uno mismo”; creo, que el ego, también podría tener que ver con un gran mundo interior; otra cosa sería el apego a la propia obra creada; uno puede crear su propia obra para sí y destruirla sin que nadie la vea o hacerla con carácter efímero, pero está el momento espectáculo en el que te dan una palmadita en la espalda y te felicitan; pienso que a veces, el “Ego”, puede ser una búsqueda intensiva de una solución a una falta de autoestima y a veces, “Ego”, se deforma y transforma en una especie de terapia maldita para los que sufren sus consecuencias, generalmente los más allegados al artista. A veces, el “ego”, simplemente se transforma como palabra, generalmente en “SALARIUM”; ya sabéis que antiguamente se pagaba a las tropas en los ejércitos de la antigüedad con sal (muy valiosa) y que te permitía el “Trueque” por otros objetos básicos para tu día a día.

El salarium o salario, hoy en día el “Dinero” en cualquiera de sus modalidades, paga y reconforta al “Ego”, más que los alimentos al hambre o el agua a la sed; yo creo una obra artística, tu alimentas mi “Ego”, o bien me pagas un “Salario”, alimentando doblemente mi “Ego” o hacemos un “Trueque”; yo creo arte, y me das algo por él.

Mención aparte, está el hecho de que dos o tres “Egos” despampanantes y desorbitantes, se unan en una conversación; eso merece un relato independiente.

Todo el mundo tiene una doble intención y si no es así, mejor no decirlo, porque estás demostrando bien que eres tonto y aun no te has dado cuenta de que vas buscando otra cosa más, pero aun no sabes que nombre ponerle, o eres un infiltrado peligroso. Ofrecer algo gratis, tu creación, tu trabajo o tu buena voluntad, tiene a toda la población mundial en guardia, esperando por tu parte, una puñalada traicionera por la espalda, así que te miran y te observan con ojos de desconfianza y esto es algo que se entiende, porque la mayoría de las veces ocurre, aunque no siempre; demos algún margen al desinterés.

Todo el mundo busca algo, generalmente se te acercan con una de las famosas máscaras de las que ya hable en otro artículo (o como se llame esto que hago); con el tiempo, generalmente un año, cae la máscara y aparecen las palabras: Ego, salario, dinero, trueque; todo esto es lícito, menos la máscara; pienso que es mejor ir directamente y presentarse con una tarjeta de visita que diga “Ofrezco esto y pido aquello”; todo es más sencillo y las relaciones personales, se hacen más sinceras y de paso, cuando alguien se nos acerque y nos diga “Ofrezco esto, no quiero nada”; nos ahorraremos muchísimas horas de calentamiento cerebral, insomnio y contratar a un detective privado o chismorreo paralelo.

Ni todas las personas salen “Rana” ni es necesario darle un beso a esta, para que se conviertan en “Príncipe”.

Cansado del Ego, del trueque, del salario y del dinero.

Creo que había un famoso “Cantaó de Flamenco” que decía, cuando le ofrecían algo que no le cuadraba del todo: “Yo soy dueño de mi propia hambre”.
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